Al norte del Gilbo, se alza el Cueto Cabrón, un monolito calizo que no destaca por su altura, más bien escasa (1.538 m), sino por los verticales paredones que guardan su cima y le confieren un aspecto inaccesible.
Estas dos conspicuas montañas del paisaje riañés se hallan separadas por la diminuta collada Bachende, apenas 130 metros más baja que la cumbre del Cueto Cabrón. No es por aquí, sin embargo, por donde discurre la vía de ascensión, sino por la vertiente opuesta, la norte, constituida por un abrupto contrafuerte en el que sobresale una puntiaguda cima secundaria.
A grandes rasgos, la vía rodea la cima secundaria por el oeste, gana la brecha que se abre al sur de esta cima y sube a la cumbre por la ladera septentrional de la montaña, el único sitio donde los farallones rocosos pierden verticalidad y se tornan transitables.
La ascensión no presenta dificultades técnicas, pero discurre por terreno complejo, muy pendiente y escabroso, colgada a veces sobre un respetable vacío.
Desde la zona recreativa de las Viescas, una pista, a la orilla siempre del embalse, se encamina hacia el Cueto Cabrón pasando por la viejas instalaciones de carga de las minas de arsénico. La pista se extingue junto a los espectaculares cortados en los que termina el contrafuerte septentrional de la montaña. Unos metros antes (1.110 m), se abandona el camino para ascender por el hayedo. El bosque carece de senderos y referencias claras. Se progresa hacia el suroeste con la idea de alcanzar la única zona en la que el violento espolón del Cueto Cabrón se hace accesible. Lo mejor, por tanto, es no alejarse demasiado de la roca, sólo lo suficiente como para ir sorteando los resaltes.
A los 1.200 metros se dobla hacia el noroeste para auparse al contrafuerte rocoso (1.275 m) por una zona relativamente suave. Tras descender unos metros por la vertiente opuesta, se alcanza una pina y boscosa canal por la que hay que continuar ascendiendo, mejor arrimándose a las rocas del espolón.
Al salir del hayedo (1.340 m), el itinerario prosigue al lado de los resaltes, superando una pendiente herbosa, muy fuerte en su tramo inicial, que desemboca en la collada (1.395 m) situada entre la cima principal y la cota 1.409.
Desde el horcajo se continúa subiendo por la ladera izquierda, cerca siempre del espolón rocoso. La idea es llegar a un gran serbal que crece casi en la vertical del collado. La pendiente, colgada sobre un gran vacío, impresiona, pero se hace bien.
Un poco por encima del árbol, una rampa en la que crecen avellanos, agracejos y muchas otras especies vegetales conduce a la cresta cimera (1.515 m).
La cumbre queda unos 150 metros hacia el sur; para alcanzarla se baja un poco hacia la derecha y se prosigue por una repisa, volada sobre el pantano, en dirección a dos árboles que medran debajo de la cima. Junto a ellos hay una gran roca separada de la pared lo suficiente como para permitir pasar y coronar el vértice del Cueto Cabrón.